lunes, 29 de enero de 2007
Anoche tuvo lugar la 21ª edición de la entrega de los premios Goya de cine, y después de engullir las 3 horas televisivas que duró el evento, llegué a varias conclusiones:
Desde hace varios años se viene insistiendo en la brevedad de las intervenciones de los premiados, es cierto que algunas galas han llegado a hacerse perpetuas, mas que eternas; por esta razón, el casposo Jose Corbacho ya advertía nada mas empezar el show que los agradecimientos fueran lo mas breve posible, y lo fueron, vaya que si.
Cómo es posible entonces que un año más nos tuvieran 180 minutos de reloj removiéndonos en el sofá?
Claro, porque de esos 180, 80 fueron de publicidad, y eso sí es admisible, ahora entiendo que lo que realmente pretendia el ente público es mayores ingresos por publicidad, al estilo de los oscars de Hollywood, pero sin el glamour; y es que la calidad de las películas que competían es harina de otro costal. Por cierto, parece que este año solo se estrenaron 4.